Oraciones tontas

“Dios, un lugar para estacionarme justo al lado de la puerta principal me ayudaría mucho…”

¿Alguna vez has te has sentido tonto después de hacer una oración? Me refiero a las veces en que sabemos que nuestras oraciones son francamente ridículas – egoístas, insignificantes… Nos llevan a sentir que no deberíamos estar molestando a Dios con tales minucias cuando hay tantas cosas mucho más importantes. ¿Por qué molestar a Dios con estos detalles cuando hay guerras, hambre enfermedad, y crisis por todos lados?

Recuerdo la experiencia que tuve recientemente. Salí de mi oficina a prisa para ir a recoger el pastel de cumpleaños de Kerry. Tenía el tiempo medido para llegar a la cena que habíamos planeado en su honor. Y el pastel era grande. Y yo estaba vestida con falda y tacones altos (todo esto es para que entiendas cuan “noble” era mi petición). Apenas empecé a manejar en el estacionamiento las palabras salieron de mi boca. No lo tenía planeado… Pero lo dije antes de pensar: “Dios, un lugar para estacionarme justo al lado de la puerta principal me ayudaría mucho…”

Inmediatamente me sorprendí y comencé a arrepentirme, cuando sentí que el Padre me decía: “¿Crees que sé lo que necesitas antes de que me lo pidas? ¿Confías en que Yo estoy ordenando tus pasos? ¿Podría ser que te he guiado en tus tiempos para darte lo que necesitas?”

Mientras todavía estaba procesando estas palabras, vi que la persona que manejaba el carro que estaba estacionado en el lugar más cercano a la puerta estaba abriendo la puerta. Unos segundos más tarde, el mejor espacio quedó abierto para mí. Y en ese momento sentí que Dios se estaba deleitando en mostrarme Su amor y enseñarme que no hay ningún detalle de mi vida que sea insignificante para Él.

Santiago 4:2-3 dice, “No tienen, porque no piden. Y cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones.” Sí. Hay veces que no recibimos porque estamos pidiendo egoístamente. Pero la realidad es que lo que sucede más frecuentemente es que no tenemos, simplemente porque no pedimos. Y tal vez no pedimos por miedo a pedir “equivocadamente.” Y esto tiene que ver con nuestra idea de Dios.

Por lo tanto, déjame preguntarte, ¿cómo ves a Dios? ¿Lo ves como el Dios lejano e inalcanzable que sólo se interesa por los eventos “grandes” del mundo? ¿Crees que Él está evaluando tus motivos para ver si son lo suficientemente nobles para responder tu oración? ¿O lo conoces como el buen Padre que se interesa por cada detalle de tu vida?

Permíteme recordarte que Jesús dijo. “Fíjense en las aves del cielo . . . Observen cómo crecen los lirios del campo . . . Si así viste Dios a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, gente de poca fe?” (Mateo 6:26-30). Como ha dicho el pastor Jack Hayford, la oración no consiste en vencer la renuencia de Dios. Él es un Padre bueno, que quiere dar cosas buenas a sus hijos. Él te ama y quiere que te acerques y le pidas lo que necesitas – sin importar qué tan insignificante parezca.

Ven a Él confiadamente. Puedes acercarte a Él con confianza, porque Él tiene cuidado de ti.


Dra. Chiqui Pol-Wood | Todos los derechos reservados 2016

Puede confiar en Dios

Todos enfrentamos una pregunta importante todos los días.  Es una pregunta que nos lleva a indagar en cuanto a nuestra relación con Dios.  Muchas personas preguntan si uno ama a Dios; pero eso es fácil.  Pero la pregunta que realmente nos debemos hacer es si confiamos o no en Dios.

¿Confía usted verdaderamente en Dios?

Hace unos años estaba cuidando a mi sobrinita.  Tenía 10 meses.  Cuando le dio hambre le preparé tu tetero, la tomé en mis brazos, y mientras la mecía dándole su leche pensé: “Esta nena confía en mí.”  Ella confiaba plenamente en que yo iba a cuidarla, protegerla, y darle todo lo que ella necesitaba.  Y con todo lo que yo la amo, con todo mi esfuerzo por ser una buena tía, y con todas las buenas intenciones que tengo hacia ella, sé que algún día le voy a fallar.  Y sin embargo ella confía en mí.

Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto trabajo confiar en Dios, si Él es perfecto?

Tal vez es porque tenemos ideas equivocadas acerca de la naturaleza de Dios.  Vivimos en un mundo en el cual es normal atribuirle a Dios todas las cosas malas que pasan, y para las que no encontramos respuestas.  A los desastres naturales se les ve como “obra de Dios.”  Por el contrario, cuando algo bueno nos pasa, decimos que tenemos “buena suerte” (o como está de moda decir: buena energía).

Como tenemos una idea distorsionada de Dios nos cuesta trabajo realmente confiar en Él.  ¿Alguna vez ha cuestionado a Dios?  ¿Alguna vez ha levantado un puño al cielo reclamándole?  ¿Alguna vez se ha preguntado dónde estaba Dios cuando algo malo pasó?

Quisiera invitarle a pensar en tres atributos de Dios para ver si nos dan una idea más clara de quién Él es, y nos ayudan a confiar más en Él:

  1. Dios es AMOR. Y como Dios es amor, Su voluntad siempre se perfecta. Él tiene buenos pensamientos hacia usted.  Le ha amado eterna e incondicionalmente.  Le ama tanto que aun en su pecado Dios no lo rechazó, sino que hizo lo necesario para que pudiera ser reconciliado con Él.  Dios es amor, y Su voluntad siempre es perfecta.
  1. Dios es OMNISCIENTE. Y como Dios conoce todas las cosas, Sus caminos siempre son los mejores. Tal vez usted esté en desacuerdo con Él, o tal vez simplemente no entienda Sus tiempos o Sus métodos; pero Él conoce todo lo concerniente a usted.  Conoce su pasado, su presente y su futuro.  Y tiene planes para usted que usted no se alcanza a imaginar.  Él es omnisciente, y Sus caminos siempre son los mejores.
  1. Dios es OMNIPOTENTE. Y como Dios tiene todos los recursos, le va a dar todo lo que usted necesite para que Su voluntad sea hecha en su vida. Él nunca le va a pedir que haga algo sin antes darle todo lo que necesite para llevarlo a cabo.  Dios no le está tendiendo una trampa para que fracase.  Dios es omnipotente, y le dará todo lo que necesite para que se cumplan Sus planes.

¿Puede confiar en Dios?  ¿Puede confiar en un Dios que es amor, que es omnisciente, y que es omnipotente?  ¿Puede poner su vida, sus decisiones, y su futuro en las manos de Aquel cuya voluntad siempre es perfecta, cuyos caminos siempre son los mejores, y que puede darle todo lo que necesite para que se cumplan los planes que tiene para usted?

Si hay algún área en la que ha estado teniendo dificultades, le invito a confiar en Dios.  Él nunca le va a defraudar.  Usted puede descansar en Su abrazo – como lo hizo mi sobrinita – y confiar en Él.


Dra. Chiqui Polo-Wood   |   Todos los derechos Reservados 2015

Puedes viajar en primera clase

“¡Este asiento es de primera clase!” Imagínate mi sorpresa cuando me di cuenta que iba a poder disfrutar de los beneficios de primera clase en un largo vuelo internacional.

Me había sentado en mi asiento de ventanilla en la cabina principal, lista para un vuelo largo, cuando me di cuenta que había una familia que estaba buscando personas que pudieran cambiar de asiento con ellos para poder sentarse juntos. Como yo estaba viajando sola, les ofrecí mi asiento. El padre me dio su pasabordo, le dejé mi asiento, y empecé a caminar hacia el frente del avión para tomar el suyo. Entonces noté que su asiento era el 1A. ¡Un asiento de primera clase! Fue uno de los mejores vuelos que he experimentado – con todos los privilegios de primera clase pude disfrutar el vuelo mucho más.

Quiero que notes lo siguiente:

1. No necesitaba un asiento de primera clase para llegar a mi destino. Aun viajando en la cabina principal habría llegado.

2. Fue algo gratuito. No tuve que pagar para recibirlo, ni hacer nada para merecerlo.

3. Lo único que tuve que hacer fue estar dispuesta a ceder mi “comodidad” y recibir algo a cambio.

4. Mi valor como persona no cambió para nada con viajar en primera clase.

5. El asiento de primera clase no me hizo ser mejor que ninguna otra persona en el vuelo.

6. ¡Pero el viaje fue mucho más agradable!

Te comparto esta anécdota para ilustrar uno de los mejores dones que Dios nos quiere dar: el bautismo en el Espíritu Santo.

Cabe aclarar que todos recibimos al Espíritu Santo en el momento de nuestra conversión. Esto lo vemos en Juan 20:22 donde Jesús (después de resucitar), sopló sobre Sus discípulos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo.”

Pero DESPUÉS de ese evento, “les ordenó: —No se alejen de Jerusalén, sino esperen la promesa del Padre, de la cual les he hablado: Juan bautizó con agua, pero dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo” (Hechos 1:4-5).

Hay una diferencia entre recibir al Espíritu Santo (en la conversión) y ser bautizados en el Espíritu Santo. Jesús dice que esto último es la “promesa del Padre.” Y Jesús nos dice que todos los dones del Padre son buenos (ver Lucas 11:9-13). No sé qué pienses tú, pero si hay algo que el Padre me quiere dar, y que Jesús dice que debo recibir, ¡Lo quiero!

En este artículo no tengo espacio para enumerar todos los beneficios del bautismo en el Espíritu Santo (tal vez lo haga más adelante). Pero sí quiero recalcar:

1. No necesitas el bautismo en el Espíritu Santo para llegar a tu destino. Sólo necesitas recibirlo (creyendo en Jesús) para ser salvo.

2. El bautismo en el Espíritu Santo es gratuito. No tienes que pagar para recibirlo, ni puedes hacer nada para merecerlo.

3. Lo único que tienes que hacer es estar dispuesto a ceder tu “comodidad” y recibir algo a cambio.

4. Tu valor como persona no cambia para nada con recibir el bautismo en el Espíritu Santo.

5. El bautismo en el Espíritu Santo no te hace mejor que las demás personas – solo mejor que tú mismo sin él.

6. Pero, con el bautismo en el Espíritu Santo, ¡tu viaje va a ser mucho más agradable!

Entonces quiero preguntarte: ¿has recibido la “promesa del Padre”?

Lo único que tienes que hacer es pedirle a Jesús que te bautice en el Espíritu Santo (Mateo 3:11) y recibir por fe.

1 Juan 5:14-15 dice: “Ésta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que Dios oye todas nuestras oraciones, podemos estar seguros de que ya tenemos lo que le hemos pedido.”

Si le pides a Jesús que te bautice en el Espíritu Santo, estás pidiendo conforme a la voluntad de Dios. Entonces puedes estar seguro de que Él te oye, y que ya tienes lo que has pedido.

No te conformes por la cabina principal, cuando puedes viajar en primera clase.


Dra. Chiqui Polo-Wood   |  Todos los derechos Reservados

El amor rompe las barreras

¿Cómo podría ministrarle? No teníamos nada en común… por lo menos eso es lo que yo creía.

Estábamos en Poiana, Rumania, visitando a algunos miembros de la iglesia de nuestros amigos Alex y Heather Chalmers. Es difícil describir la pobreza que vimos – y eso que yo he visto mucha pobreza en mi vida. De todo corazón quería poder compartir algo para animar o ayudarlos, pero no sabía qué hacer, especialmente cuando conocí a Micaela.* Esta hermosa anciana vivía sola en su casita… En realidad no sé si se podría decir que era una “casa.” Era más bien un cuarto, como de 4 metros x 4 metros, sin electricidad ni agua corriente. Éramos un grupo de 10 personas y no cabíamos en este espacio. Alguien le regaló una linterna de cuerda, y por su reacción uno creería que Micaela se había ganado la lotería. Obviamente no tenía muchas pertenencias, pero se notaba el cariño con el que había decorado su hogar. Ver eso me hizo poner en perspectiva las comodidades que tenemos y cómo muchas veces las damos por hechas.

Pero volviendo al tema… quería ministrarle, pero no sabía cómo. ¡No teníamos nada en común! Ni edad, ni raza, ni cultura, ni idioma… ¡nada! Entonces le pedí a Dios que me diera algo para compartir con ella para que pudiera sentir Su amor. Entonces me enteré que su único hijo había muerto unos meses antes. Eso era algo que teníamos en común: el dolor de perder a un ser querido. Sentí que el Espíritu Santo me estaba pidiendo que le compartiera mi experiencia y la consolara con el consuelo que yo había recibido de parte de Dios.

Le pedí a nuestro traductor que le dijera que entendía su dolor, porque hacía poco yo había perdido a mi esposo, y que me gustaría abrazarla. Micaela me miró y se le aguaron los ojos. La abracé y lloramos juntas. Compartimos un momento de duelo. El dolor se convirtió en el puente que rompió todas las barreras y unió nuestros corazones.

Después me enteré que esa había sido la primera vez que había llorado por la muerte de su hijo. Había llevado ese dolor por dentro sin poderlo expresar. (Parece que en Rumania se habían acostumbrado a ignorar el duelo). Pero Dios le llevó a una extraña, de un país lejano para consolarla – no con palabras elocuentes, sino con un simple abrazo. Un abrazo que decía: “Dios conoce tu dolor, y Dios quiere consolarte.”

Esto me recuerda las palabras de Pablo de 2 Corintios 1:3-4: “Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, 4 quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren.”

Uno puede cooperar con Dios consolando a los que sufren. No importa donde se encuentre, uno puede mirar alrededor y ver que hay personas dolidas. Tal vez pienses que no tienes nada en común con ellas, pero aun así puedes compartir el amor que has recibido de parte de Dios. Comparte el consuelo que has experimentado. Anima a los demás con el ánimo que has recibido de parte de Dios. Te sorprenderás al ver cómo Dios te usa para ministrar a los demás, si tan solo estás dispuesto.

*Cambié su nombre para guardar su privacidad.

Dra. Chiqui Polo-Wood   |   Todos los Derechos Reservados 2015

Dios de las montañas y los valles

¡Me encantan las montañas! Para mí no hay nada tan majestuoso como ellas. Hay algo acerca de las montañas que eleva mis ojos y me lleva a alabar a Dios por Su grandeza. Por eso no me sorprende que muchas veces usamos las montañas como una metáfora de los momentos buenos de nuestras vidas. ¿Sabías que casi todos los encuentros significativos con Dios que se encuentran en la Biblia se llevaron a cabo en el tope de una montaña?

* En el Monte Moriah Dios se reveló a Abraham como el Dios que provee su propio sacrificio (Génesis 22).

* En el Monte de Horeb Dios se reveló a Moisés como el gran “Yo Soy” (Éxodo 3).

* En el Monte Sinaí Dios se reveló al pueblo de Israel y les dio la Ley (Éxodo 31).

* Desde el Monte Abarim Moisés vio la tierra que Dios le estaba dando a Israel (Números 27).

* En el Monte Carmel Elias venció a los profetas de Baal (1 Reyes 18).

* Pedro, Santiago y Juan vieron la transfiguración de Jesús en una montaña (Mateo 17, Marcos 9, Lucas 9).

* Jesús les enseñó a Sus discípulos en el Monte de los Olivos (Mateo 24, Marcos 13).

* Los discípulos recibieron la Gran Comisión en una montaña de Galilea (Mateo 28).

¡Qué fácil es alabar a Dios cuando estamos en la montaña! Es fácil fijar nuestros ojos en Él y adorar a nuestro creador cuando las cosas nos están saliendo bien. Es fácil agradecer a Dios por Su ayuda cuando el mundo está “al derecho” y tenemos una perspectiva clara de Su obra en nuestras vidas.

Pero los valles son más complicados… Los valles generalmente tienen la connotación de dificultades, de problemas, y aun de muerte. Los valles en nuestras vidas son esas etapas de penumbra en las que parece que el enemigo tiene la ventaja. Los valles son esos lugares misteriosos en los que tenemos más preguntas que respuestas y donde parece que Dios no está escuchando nuestras oraciones.

Cuando nos encontramos en un valle podemos estar de acuerdo con los siervos del rey de Siria (nuestro enemigo), que dijeron del Dios de Israel: “Los dioses de los israelitas son dioses de las montañas. Por eso son demasiado fuertes para nosotros. Pero si peleamos contra ellos en las llanuras, sin duda los venceremos” (1 Reyes 20:23). Ellos habían visto cómo Dios le había dado a la victoria a Israel, pero pensaban que Dios solo era el Dios de las montañas.

¿Alguna vez te has sentido así? Tal vez has sentido la mano de Dios sobre tu vida en los momentos buenos, pero también has pasado por momentos en los que pensaste que Dios te había abandonado.

Pero mira el resto de la historia. Dios respondió: “Por cuanto los sirios piensan que el Señor es un dios de las montañas y no un dios de los valles, yo te voy a entregar este enorme ejército en tus manos, y así sabrás que yo soy el Señor” (1 Reyes 20:28).

Aun cuando sientes que Dios no está luchando por ti, ¡Él está ahí! Cuando te encuentres en un valle, descansa confiado y recibe la victoria del Señor. Él es del Dios de las montañas y los valles, y no te va a defraudar. Dios está contigo, y está a favor tuyo. Nunca te dejará ni te abandonará. Acércate a Él y recibe Su gracia. ¡Alaba a Dios desde las montañas! Y alábalo también en los valles.


Dra. Chiqui Polo-Wood   | Todos los derechos reservados 2015

Cómo disfrutamos más

Hoy he estado caminando sola por Oxford.  Estoy admirando los edificios tan imponentes que tienen tanta historia, tanta belleza, tanto conocimiento… y no tengo a nadie con quien compartirlo, excepto Dios.  Entonces me pongo a hablar con Él acerca de todo esto, y me lleva a pensar en la dicotomía de querer, por un lado, compartir esta experiencia con alguien más, y por el otro, disfrutar y valorar este tiempo que tengo a solas con Él.

20150805 Divinity School 2Entonces empiezo a pensar en lo que hemos estado viendo en nuestra clase de esta semana.  Estamos hablando acerca de la renovación de la adoración.  Y un pensamiento que he tenido constantemente es que la Biblia nos dice que no dejemos de reunirnos, pero muchas veces creemos que esto consiste en ir a un edificio una vez por semana (tal vez dos) donde se reúnen muchas personas.  En términos generales en nuestros servicios en la iglesia todos disfrutamos de las mismas cosas simultáneamente (la música, el sermón, las oraciones); pero… ¿estamos realmente reuniéndonos?  ¿Estamos realmente adorando a Dios en comunidad, o será más bien que estamos adorando a Dios cada uno por su parte, pero en compañía de muchos otros?  Espero no ser malentendida con esto.  No estoy tratando de menospreciar el valor de la adoración individual, y mucho menos lo que hacemos en los servicios de la iglesia.  Pero me pregunto si el autor de Hebreos tenía algo más en mente cuando dice, “No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros…” (10:25).

Volviendo a mi caminata por Oxford.  Me doy cuenta que puedo disfrutarla y apreciarla por mi misma.  Pero la disfrutaría aún más si la pudiera compartir con alguien más.  Puedo apreciar lo que veo, pero mi aprecio sería mayor teniendo otros puntos de vista.  Otros podrían mostrarme cosas que yo no he notado, o compartirme sus sentimientos al respecto.  Tal vez ellos sepan cosas acerca del lugar que enriquecerían mi experiencia.  Además, el solo hecho de tener que pensar en palabras para expresar mi admiración la hace más profunda, más valiosa.

20150805 ChristchurchLo mismo pasa con nosotros y Dios.  La alabanza y la adoración están hechas para llevarnos a disfrutar de Él, de Su presencia, de Su amor, de Su grandeza.  Entonces podemos adorarlo individualmente – y eso es bueno.  Pero es mucho mejor cuando lo compartimos con los demás.  Podemos alabar a Dios, no solamente cantando las mismas canciones al mismo tiempo (aunque eso también es valioso), sino también hablando bien de Él, compartiendo los unos con los otros nuestras experiencias, nuestra admiración, nuestro amor o nuestro agradecimiento a Dios.  Cuando hacemos esto nuestra adoración cobra una dimensión más profunda.  Algunas de las experiencias de adoración más preciosas que he tenido se han llevado a cabo alrededor de una mesa de comida, compartiendo con mis amigos las cosas que Dios ha hecho en nuestras vidas, haciéndolo “famoso” entre nosotros.  Sí, podemos cantar canciones a Dios.  Pero mira lo que dice Pablo en Colosenses 3:16: “Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza: instrúyanse y aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón.”  Puedo agradecerle a Dios por mi misma, pero es mejor aún compartir ese agradecimiento con los demás.  Puedo alabar al Señor personalmente, pero es mejor aún declarar mis alabanzas compartiéndolas con otros que pueden alabar junto conmigo.

Dios nos ha hecho como seres que se relacionan por varios motivos (que no vienen al caso).  Pero dado que somos seres que se relacionan, sabemos que disfrutamos las cosas más plenamente cuando las compartimos con alguien más.  Entonces te animo a buscar oportunidades de reunirte con otros para alabar a Dios, para declarar lo que Dios significa para ti, para contar las historias de lo que Dios ha hecho en tu vida, para cantar salmos, himnos y canciones espirituales con tus amigos.  Cultiva una vida de adoración que vaya más allá de la estructura de los servicios en la iglesia.

Dios te creó para adorarlo, y te creó para relacionarte con los demás.  No te conformes con nada menos que eso.


Dra. Chiqui Polo-Wood   | Todos los derechos reservados