La importancia de la Navidad

¿Por qué celebramos la Navidad? Hay muchos motivos. Indudablemente es un tiempo de alegría, de reflexión, de generosidad, y de amor. Es un tiempo en que nos damos regalos. Es un tiempo para reunirnos con nuestros familiares y amigos – tal vez sea la oportunidad de abrazar a aquellos familiares con quienes solo nos vemos una vez al año. Pero la razón principal (aunque muchos ya no se acuerdan de ello) es que en la Navidad celebramos el nacimiento de Jesús. ¿Qué es lo que la hace tan importante? ¿Por qué celebramos este nacimiento con muchos más bombos y platillos que cualquier otro? Si no entendemos el significado de este evento, jamás podremos realmente comprender la idea de “…en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad.”

El nacimiento de Jesús no fue nada ordinario. No es sólo que nació en un pesebre (aunque eso era inusual). No es sólo que los ángeles cantaron (aunque eso era inusual). No es sólo que había una estrella enorme mostrando el lugar de Su nacimiento (aunque eso era inusual). No es sólo que nació de una virgen (¡aunque eso ciertamente es extraordinario!) La importancia del nacimiento de Jesús es que marca el momento en que Dios tomó forma de ser humano.

Dios, el creador del universo, quien lo sostiene todo con el poder de Su palabra, escogió hacerse uno con Su creación. El Dios infinito y todopoderoso se vistió de carne humana, débil y limitada. En este acto de amor inexplicable, Dios se comprometió eternamente con la causa del ser humano. En Jesús ya no hay separación entre Dios y los hombres. Por el contrario, lo que encontramos es un acto de amor perfecto, desinteresado, infinito, y sobreabundante.

Por mucho tiempo ha habido personas que se cuestionan este misterio de que Jesús sea completamente Dios y completamente hombre. Va más allá del entendimiento humano. Para tratar de conciliar el misterio, generalmente nos enfocamos en un aspecto de la naturaleza de Jesús, dándole menos importancia al otro. Ha habido filósofos, teólogos, y grandes pensadores que lo han hecho por muchos siglos.

Por un lado, algunos ven a Jesús como un gran hombre – un hombre lleno de Dios; un hombre con la valentía de los dioses; un hombre de gran carácter moral; un líder, maestro o guía sin igual; un hombre digno de admiración y respeto; pero a fin de cuentas… sólo un hombre. Pero la Biblia dice claramente que Jesús era (y es) Dios:

Juan 5:18 – [Jesús] llamaba a Dios su propio Padre, con lo que él mismo se hacía igual a Dios.

Jesús sabía perfectamente que Él era Dios. No sólo que Él mismo lo decía, sino que otros dieron fe de lo mismo. Por ejemplo:

Juan 1:1, 14 – En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. … Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros.

Filipenses 2:5-6 – Su a actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse.

Colosenses 2:9 – Toda la plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cristo.

Por otro lado, algunos (como los Gnósticos), ven a Jesús como Dios, pero se olvidan de Su humanidad. Pero para conocer realmente a Jesús debemos reconocer que Él experimentó todas las limitaciones de los seres humanos. La Biblia dice que Jesús:

· Nació de una mujer, bajo la Ley

· Crecía, se fortalecía, y progresaba en sabiduría

· Era de carne y hueso (con limitaciones de tiempo y espacio)

· Tenía una mente racional

· Experimentaba emociones – tristeza, compasión, rechazo, angustia

· Tuvo hambre y sed

· Necesitaba dormir

· Dependía de Dios y por lo tanto oraba

· Era obediente al Padre (ni auto-suficiente ni independiente)

¿Por qué es esto importante? ¿Qué quiere decir?

Quiere decir que en Jesús tenemos a un Salvador perfecto – uno que se identifica con nuestra debilidad, pero que a la vez es la solución.

· Si estás triste, recuerda que Jesús también lloró – y que Él es tu gozo, quien cambia tu lamento en danza.

· Si estás enfermo, recuerda que Jesús llevó nuestras enfermedades en Su cuerpo – y que Él es tu sanador.

· Si te sientes débil o cansado, recuerda que Jesús también se sintió así – y que Él es tu fortaleza.

· Si te sientes solo, recuerda que Jesús fue traicionado, abandonado y rechazado – y que Él es el amigo que nunca te abandona.

· Si estás ansioso, recuerda que Jesús sudó gotas de sangre – y que Él es tu paz.

· Si estás enfrentando una tentación, recuerda que Jesús también fue tentado – y que Él te da la salida y perdona tus pecados.

· Si tienes necesidad, recuerda que Jesús enfrentó situaciones de escasez – y que Él es tu proveedor.

· Si te sientes lejos de Dios, recuerda que Jesús sintió esa separación cuando colgaba en la cruz – y que Él te quiere mostrar al Padre y reconciliarte con Él.

· Si estás tomando decisiones, recuerda que Jesús sabe lo que es buscar la ayuda del Padre – y que Él es tu sabiduría.

· Si te sientes incapaz para la tarea que tienes por delante, recuerda que Jesús hizo milagros bajo la unción del Espíritu Santo – y que Él te quiere llenar con ese mismo Espíritu Santo para que puedas cumplir con tu llamado.

Porque Jesús nació – completamente Dios y completamente hombre – no hay separación alguna entre Dios y nosotros. Sea lo que sea que estás enfrentando, no tienes que mirar a tus limitaciones humanas. Puedes acudir confiadamente a Dios para recibir misericordia y hallar la gracia que te ayude en el momento que más la necesites. En Jesús tenemos la garantía de que Dios está con nosotros, y Dios está a favor nuestro. Y es por esto que celebramos la Navidad.

Podemos decir, junto con los ángeles: «Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad».

¡FELIZ NAVIDAD!


Dra. Chiqui Polo-Wood | Todos los derechos reservados 2017

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