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20140610 - Colombia (7)“¡Algo así puede arruinar todo el viaje!” Esa fue la reacción de un amigo nuestro cuando le contamos toda nuestra odisea.  Estábamos regresando a Dallas después de dos semanas de estudio en Oxford, seguidas por un fin de semana visitando a unos amigos en la costa sur de Inglaterra.  El final perfecto para una experiencia enriquecedora y placentera.  Abordamos el avión y nos pusimos cómodos para el vuelo de 10 horas que nos llevaría de Londres a Houston, y después otro de Houston a Dallas.  Este avión era un 787 (mi avión favorito).  Pero no todo salió como esperábamos.

Como a los 20 minutos de vuelo el sistema de video se congeló.  No solo que no teníamos la cantidad de películas normalmente disponibles en los vuelos largos, sino que la luz de mi asiento tampoco funcionaba, ni los enchufes eléctricos debajo de mi asiento.  No podía leer ni usar mi computadora.  ¡Nada!  ¡Iba a tener que quedarme quieta sin hacer nada por 10 horas!  (7 horas más tarde la tripulación finalmente pudo arreglar el sistema de video y pudimos ver películas durante el resto del vuelo).  Pero, cuando íbamos a aterrizar en Houston se desató una tormenta eléctrica sobre el aeropuerto, así que nos desviaron a Austin.  El tiempo adicional de vuelo, más las 2 horas de espera en Austin hicieron que llegáramos a Houston 4 horas más tarde de lo planeado, y que perdiéramos nuestra conexión a Dallas.  ¡El primer vuelo disponible para hacer la conexión era 17 horas más tarde!  No nos gustó esa opción, entonces decidimos alquilar un carro e irnos por carretera (5 horas) a la casa.  Pero para ese entonces llevábamos 21 horas despiertos y 3 horas más tarde nos estábamos quedando dormidos, así que tuvimos que parar, alquilar un cuarto de hotel para pasar la noche y terminar el recorrido por la mañana.  Cuando finalmente llegamos a la casa habíamos estado viajando por más de 36 horas.

Sí, todo esto podría haber arruinado los recuerdos de nuestro viaje.  Pero cuando tenemos malas experiencias siempre tenemos que tomar una decisión: enfocarnos en todo lo malo (que es la tendencia natural humana) y sentirnos mal, o enfocarnos en lo bueno y dar gracias.

Pablo nos exhorta en Filipenses 4:8 a pensar en “todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio”.  I en 1 Tesalonicenses 5:18 nos dice: “den gracias a Dios en toda situación”.

En esta ocasión tenía que escoger si enfocarme en todo lo que había salido mal, o en todo lo bueno del viaje.  Por ejemplo:

  • Me podría haber enfocado en lo largo del viaje – o ser agradecida por la oportunidad de viajar a Inglaterra.
  • Me podría haber enfocado en que el sistema de video estaba dañado – o ser agradecida por la tecnología que hace posible ver películas mientras volamos a 30.000 pies de altura.
  • Me podría haber enfocado en el desvío a Austin – o ser agradecida por un vuelo tranquilo y seguro.
  • Me podría haber enfocado en el hecho de haber perdido nuestro vuelo a Dallas – o ser agradecida de que teníamos todo nuestro equipaje y que pudimos alquilar un carro a última hora sin inconvenientes.
  • Me podría haber enfocado en tener que parar en un hotel en la carretera – o ser agradecida por encontrar un buen hotel y tener los recursos para pasar una noche en él.

Escojo enfocarme en lo bueno, y darle gracias a Dios por todas las bendiciones que me da día tras día.

Si está pasando por circunstancias difíciles, le invito a que lo ensaye.  Siempre hay algo por lo que podemos estar agradecidos.  Haga una lista de las cosas dignas de agradecimiento, y enfóquese en ellas.


Dra. Chiqui Pol-Wood  |  Todos los derechos reservados 2015

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