Una mujer fuerte

Vengo de una línea de mujeres Fuertes.

Mi abuela paterna (Clotilde Verano) era reconocida en Barranquilla (Colombia) por sus discursos políticos, en los años treintas, cuando las mujeres ni siquiera tenían derecho al voto. Pero ella usó sus palabras para marcar una diferencia. Mi abuela materna (Merce Gerlein) fue la primera mujer delegada de Colombia a las Naciones Unidas. Luchó por el derecho de la mujer al voto en su país, y fue instrumental en el desarrollo de artes y cultura, y de la ayuda a los necesitados.

A ambas les debo mucho, sabiendo que mucho de lo que soy hoy en día se lo debo a sus convicciones y tenacidad. Me siento orgullosa de mi herencia; orgullosa de ser descendiente de mujeres que sabían lo valiosas que eran y que vivieron conforme a sus convicciones para tener una voz de impacto. De ellas aprendí muchas lecciones de lo que significa ser una mujer fuerte:

* Aprendí que las mujeres no tenemos que competir con los hombres; que somos igualmente valiosas, pero muy diferentes en todo otro sentido.

* Aprendí que si quiero que me respeten, primero me tengo que respetar a mí misma (demostrado, entre otras cosas, en mi comportamiento, mi forma de vestir, y mi forma de hablar).

* Aprendí el valor de la femineidad, la modestia y la decencia.

* Aprendí a no usar un lenguaje vulgar, porque eso sólo silencia mi voz.

* Aprendí que las emociones son importantes, y que uno de mis fuertes como mujer es la habilidad de sentir profundamente.

* Aprendí que no me tengo que dejar manipular, sino que puedo alzar mi voz y compartir mis ideas, pero que debo hacerlo de forma respetuosa y en ánimo de cooperación.

* Aprendí que mi cuerpo es un regalo de Dios, y que debo cuidarlo y protegerlo.

* Aprendí que tengo libertad para elegir lo que hago; pero que debo elegir cuidadosamente, y hacerme responsable de las consecuencias de dichas elecciones.

* Aprendí que como mujer puedo soñar en grande, y que si estoy dispuesta a trabajar duro, nadie me puede impedir alcanzar mis sueños.

* Aprendí que dejar a un lado una carrera brillante para dedicarme a ser esposa y mamá no disminuye en nada mi valor.

* Aprendí el valor de la familia y la importancia de la maternidad.

Sí, aprendí que ser mujer es algo hermoso; y aprendí que ser una mujer fuerte no significa que tengo que rechazar la ayuda y la caballerosidad de los hombres.

* Me gusta cuando nos abren la puerta.

* Me gusta cuando nos ceden el asiento.

* Me gusta cuando nos sostienen la silla y nos acercan a la mesa.

* Me gusta cuando nos invitan a salir y pagan la cuenta.

Aceptar estos gestos no quiere decir que no soy capaz de hacerlo por mí misma. De ninguna manera quiere decir que me consideran menos valiosa. Al contrario, para mí son muestras de cuánto me estiman. Entonces los recibo con agradecimiento.

Entonces aprecio ser mujer, y celebro ser esposa, hija, hermana, tía y amiga; y celebro tener buena educación y ser profesional. Me siento agradecida por las oportunidades que he tenido en el curso de mi vida; y le doy gracias a los hombres y mujeres que a lo largo de los años han luchado para que hoy en día pueda gozar de los derechos y privilegios que tanto disfruto.

Soy una mujer – fuerte y femenina – y orgullosa de serlo.


Dra. Chiqui Polo-Wood | Todos los derechos reservados 2017.

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