La llenura de Pentecostés

Este Domingo pasado fue el Domingo de Pentecostés – el día en el que celebramos el nacimiento de la Iglesia. Aunque no es tan ampliamente celebrado como la Navidad o la Pascua, el Domingo de Pentecostés es por lo menos tan importante para nosotros como las otras dos fiestas. ¿Por qué? Porque Dios nos creó para que viviéramos en relación con Él, y nos dio dominio sobre toda la creación. Su intención, desde el principio, era que camináramos con Él y cooperáramos con Él en el reino que nos dio. Todo esto se arruinó por el pecado. Pero Dios no es un dios lejano, desinteresado, sino el Dios completamente comprometido con Su creación. Él mismo ha hecho todo lo necesario para redimir y restaurar todo lo que la humanidad perdió por el pecado.

¿Qué hizo Dios? Se convirtió en uno con su creación. El nacimiento de Jesús (la encarnación de Dios) es el acto más impresionante de Dios – un acto que va mucho más allá de nuestra comprensión humana. Dios, el Creador, se hizo uno con Su creación. Él eligió unirse a la humanidad para siempre. Es por eso que Jesús (Dios hecho hombre) estuvo en la tierra durante 33 años, y dio su vida por nosotros. Pero eso no fue todo. Después de su muerte, Jesús se levantó de entre los muertos, garantizando que nosotros también gozaremos de vida de resurrección. Pero eso no es todo.

Antes de su crucifixión, Jesús les dijo a sus discípulos: “Les conviene que yo me vaya …” ¿Qué? ¿Cómo iba a ser bueno que Jesús se fuera? Creeríamos que todo sería mucho más sencillo si Jesús siguiera caminando entre nosotros. Pero Él nos explica: “Les conviene que yo me vaya, porque rogaré al Padre, y Él les enviará al Espíritu Santo, que no sólo va a estar con ustedes, sino EN ustedes “(Juan 14: 16-17; 16: 7).

Después de su resurrección, Jesús les dijo a los discípulos que permanecieran en Jerusalén y esperaran la promesa del Padre (Hechos 1:4). Y 50 días después de la resurrección, en el día de Pentecostés, se cumplió la promesa. El Padre derramó el Espíritu Santo “sobre toda carne” (cumpliendo así lo que Joel había profetizado– Joel 2:28-29), para que podamos una vez más participar plenamente de la vida de Dios.

Pentecostés no podría haber ocurrido sin Pascua (la resurrección); y la Pascua no habría sido posible sin la Navidad (la encarnación). Pero estas dos por sí solas no habrían sido suficientes para que pudiéramos experimentar la plenitud de la vida que Dios nos quiere dar.

Cuando Dios nos prometió la vida eterna, Él no sólo estaba hablando de pasar la eternidad en el Cielo (aunque eso es algo que ciertamente podemos esperar). Dios nos promete disfrutar de la plenitud de la vida en el aquí y ahora, como Él lo había deseado desde el principio. ¿Cómo la recibimos? Por medio del Espíritu Santo. Esta llenura fue inaugurada en el Día de Pentecostés. Para asegurarse de que tuviéramos todo lo que necesitamos, nuestro Padre amoroso derramó Su Espíritu.

Entre otras cosas …

* El Espíritu Santo nos revela el amor y la presencia de Dios

* El Espíritu Santo nos convence de que somos hijos (e hijas) de Dios

* El Espíritu Santo es la garantía de lo que Dios ha prometido

* El Espíritu Santo es el agente de nuestra transformación

* El Espíritu Santo nos enseña y nos guía a toda la verdad

* El Espíritu Santo nos da poder para conocer los planes de Dios

* El Espíritu Santo nos da poder para conocer la voluntad de Dios

* El Espíritu Santo nos da poder para obedecer al Señor

* El Espíritu Santo nos da poder para descansar en Dios

* El Espíritu Santo nos da poder para proclamar a Cristo

* El Espíritu Santo ora con nosotros conforme a la voluntad perfecta de Dios

* El Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad

* El Espíritu Santo produce su fruto en nuestras vidas

* El Espíritu Santo manifiesta la presencia y el amor de Dios a través de dones sobrenaturales

Hemos sido llamados a vivir en la plenitud del Espíritu Santo. Esta promesa del Padre “es para ustedes, para sus hijos y para todos los extranjeros, es decir, para todos aquellos a quienes el Señor nuestro Dios quiera llamar” (Hechos 2:39).

¿Estás viviendo en la plenitud de Pentecostés? No trates de vivir tu vida en tus propias fuerzas. Recibe el Espíritu Santo. Sé lleno de Él continuamente para poder disfrutar de la vida eterna.


Dra. Chiqui Polo-Wood | Todos los derechos reservados 2016

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