Dólares de Arena

Locha, dólar de arena o galleta de mar

“¡Encontré uno!” “¡Aquí hay otro!” “¡Y otro más!” Casi no podía creer mis ojos. Estaba caminando en la playa en la Isla del Padre (Texas), sorprendida de encontrar tantos dólares de arena (lochas o galletas de mar) enteros a lo largo del camino. Estaba pasando el fin de semana con mi amiga, Jan, que es fanática del mar. Le encanta todo lo relacionado con el mar. ¡Absolutamente todo!

Nuestro plan era pasar el día caminando en la playa para disfrutar quietud, reflexionar, y orar mientras contemplábamos la belleza de la creación de Dios. Parte de la diversión era recoger conchas – mientras más bonitas, mejor; y si estaban enteras, mejor aún. Pero el premio mayor era encontrar un “dólar de arena.” Estas conchitas son tan delicadas que si logran llegar a la playa, generalmente están rotas. Encontrar un dólar de arena entero es toda una hazaña.

Sand_Dollar-5Pero este día resultó ser inusual. Mientras caminaba y oraba, miré, y encontré uno. ¡Un dólar de arena perfecto! Le estaba dando gracias a Dios por este regalo maravilloso, cuando de repente me fijé, y encontré otro. Y luego otro, y otro más. En cuestión de minutos encontré como cinco dólares de arena enteros, perfectos. Con cada regalo que sentí que el Padre me estaba diciendo: “Te amo. Conozco los deseos de tu corazón, y me place dártelos.”

¡Así de sencillo! No tuve que trabajar para ganármelos. No tuve que rogar y tratar de que Dios “diera Su brazo a torcer.” No tuve que pronunciar un argumento elocuente para explicarle los motivos tan nobles por los cuales quería encontrar un dólar de arena. No. Solamente estuve caminando como sentía que Él me estaba guiando, y mantuve mis ojos abiertos. ¿Me los dio Dios porque yo los necesitaba para un propósito grandioso? No. Él simplemente quería mostrarme lo mucho que me ama!

¡Y te ama de igual manera!

También lo oí decir: “Yo sé lo que necesitas, y lo puedo poner en tu camino. Sólo camina conmigo y lo encontrarás.”

Me pregunto cuántas veces nos perdemos de lo que el Padre nos quiere dar, simplemente porque no nos fijamos. A veces nos quedamos atrapados tratando de “ganarnos” Su favor, cegados a la bendición que Él quiere derramar sobre nosotros.

Dios sabe lo que necesitas y conoce los deseos de tu corazón. Puedes confiar en Él, porque Él te ama incondicionalmente.

Espero que esta historia te anime a (1) pedirle a Dios lo que deseas; (2) a caminar tomado de Su mano, dejando que él te guíe; y (3) a mantener tus ojos y tu corazón abiertos para recibir Sus bendiciones.


Dra. Chiqui Polo-Wood | Todos los derechos reservados 2016

 

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