Cómo discernir la voluntad de Dios

“Sigue caminando, y yo te mostraré.” ¿Qué? Esa respuesta no tenía sentido. Definitivamente no era lo que estaba esperando. Estaba en un cruce de caminos, debatiendo si debería aceptar el trabajo que me habían ofrecido o quedarme en el puesto que tenía. El nuevo trabajo representaba una posición mejor, con un mejor salario y beneficios, trabajando con un jefe que había sido un gran mentor. Pero era en California. En ese entonces yo estaba viviendo en San Antonio (Texas), y estaba muy involucrada en mi iglesia. A grandes rasgos parecía una decisión fácil; pero yo no tenía paz de dar ese paso. Mi jefe me estaba presionando a darle una respuesta definitiva, y yo simplemente no podía tomar la decisión. Sé que le costaba trabajo entender mi titubeo. “Ese es el precio de la mediocridad”, me dijo en una de nuestras tantas conversaciones al respecto.

Así que en esas estaba yo, el domingo antes de tener que darle mi decisión final. En la iglesia teníamos un predicador invitado, conocido por tener un ministerio profético bien desarrollado. Yo sabía que a través de él iba a poder escuchar a Dios claramente. Así que fui a la reunión de oración antes del servicio y le pedí al pastor Gary que orara por mí. Le expliqué la situación y le planteé la pregunta: “Yo sólo quiero saber la voluntad de Dios; si se supone que debo ir a California o quedarme aquí.” Oró por mí, y me dijo: “Siento que el Señor dice: ‘Sigue caminando, y yo te mostraré.’” Esta respuesta no me aclaraba nada. ¿Qué quería decir Dios con eso? ¿Que siguiera caminando mudándome a California, o seguir caminando donde estaba? Me sentí decepcionada y confundida.

Durante el servicio estuve super-atenta a cada palabra del sermón. Estaba segura de que Dios me daría un “Sí” o un “No.” Pero no oí nada por el estilo. El mensaje se trataba acerca Isaías y la muerte del rey Uzías – un rey bueno a quien Isaías admiraba. Pero cuando el rey murió fue cuando Isaías pudo ver más allá y ver a Dios. Fue un buen mensaje; pero no respondía mi inquietud. De todos modos pasé al altar, pidiéndole a Dios que me mostrara algo. Y fue allí donde oí en mi interior: “Ese es el precio de la mediocridad.” En ese momento Dios me abrió los ojos y entendí que la única razón por la que estaba considerando el traslado a California era para que nadie me pudiera llamar mediocre. Es todo lo que necesitaba saber en cuanto a la decisión; pero Dios lo usó para algo más importante: revelarme unas heridas que tenía en mi corazón.

Esta experiencia me enseñó algunas cosas:

* Escuchar a Dios por medio de otra persona es bueno; pero es mejor cuando aprendemos a escuchar a Dios por nosotros mismos. No tengo que encontrar un “profeta” para escuchar de parte de Dios.

* A veces le hacemos preguntas a Dios esperando un simple “Sí” o “No”; pero Dios quiere ir más profundo – Él quiere sanarnos en todo sentido. Muchas veces Sus respuestas no son lo que esperamos, sino lo que necesitamos.

* La voluntad de Dios no es tanto el que hagamos esto o aquello, o que vayamos aquí o allá – sino que donde quiera que vayamos, lo hagamos con Él. Él nos da libertad para elegir muchos detalles, pero lo que más desea es que lo hagamos todo en relación con Él.

¿Qué le estás preguntando a Dios? ¿Estás dejando que Él te hable de las cosas profundas de tu corazón? Él anhela hablarte – dale una oportunidad.


Dra. Chiqui Polo-Wood | Todos los derechos reservados 2016

 

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