Cómo limitamos a Dios

Las fórmulas – aun aquellas que sacamos de la Biblia – pueden darnos buenos resultados, pero a fin de cuentas nos pueden robar algo mejor.

Permíteme ilustrarlo con esta corta porción. En Mateo 14:34-36 leemos: “Después de cruzar el lago, desembarcaron en Genesaret. Los habitantes de aquel lugar reconocieron a Jesús y divulgaron la noticia por todos los alrededores. Le llevaban todos los enfermos, suplicándole que les permitiera tocar siquiera el borde de su manto, y quienes lo tocaban quedaban sanos.”

Esa idea de “tocar el borde de su manto” para ser sanos nos puede sonar raro; pero para ellos tenía sentido. En la cultura hebrea tenían una creencia de que el borde del manto del Mesías tenía poderes de sanidad. Entonces vemos que los habitantes de Genesaret habían reconocido a Jesús como el Mesías y estaban confiando en lo que sus tradiciones les habían enseñado.

Lo que me impacta es ver que, estando en la presencia del Sanador, su fe parece estar puesta sobre lo que sabían por tradición, y no realmente en la Persona que tenían en medio de ellos. Si su fe estuviera en Jesús mismo, le habrían podido pedir que los sanara, dejando que Él lo hiciera de cualquier forma. Pero tenían una “fórmula,” y estaban convencidos de que era la forma más segura de recibir lo que esperaban.

De hecho sí recibieron lo que esperaban. Creían que tocando el manto de Jesús serían sanados. Lo tocaron, y recibieron sanidad. Me alegro por eso. Pero, ¿qué tal que Jesús quisiera sanarlos con un toque? ¿O con una palabra? ¿Será posible que su “fórmula de fe” de hecho le puso límites a Dios, y que se perdieron de algo más que Dios tenía para ellos? ¿Será posible que Jesús tenía mucho más para darles o revelarles?

No puedo responder en cuanto a ellos. Pero sí puedo cuestionarme a mí misma.

¿Será que hay cosas que le estoy pidiendo a Dios, pero que le estoy diciendo cómo y cuándo tienen que ser hechas? ¿Será que estoy sumida en los testimonios que he oído y que no estoy dándole lugar a Dios de obrar de forma diferente? ¿Será que estoy esperando que Dios actúe de una forma determinada, y que al hacerlo me estoy perdiendo de lo que Él está haciendo porque no va de acuerdo con mis expectativas?

La vida sería mucho más simple si tuviéramos una lista de fórmulas infalibles para recibir todo lo que Dios tiene para nosotros. Pero nos perderíamos de la relación con Él. Los beneficios de Dios – por buenos que sean – palidecen en comparación con quien Él es. La relación con Dios es el máximo de los beneficios.

Si leemos la Biblia principalmente para sacar principios y normas de vida, tal vez veamos buenos resultados en muchas áreas – pero a fin de cuentas tal vez lleguemos a la triste conclusión de que nos perdimos de lo mejor. Tal vez nos demos cuenta de que Dios tenía mucho más para darnos, y que lo habríamos recibido si hubiéramos acudido a Él abiertamente, dejándolo actuar fuera de nuestras expectativas.

No le pongamos límites a Dios. Preséntale tus peticiones, y deja que Él decida cómo responder. No limites tu relación con Dios a una serie de normas o fórmulas de fe. Búscalo a Él. La relación es la clave para todo lo demás.


Dra. Chiqui Polo-Wood | Todos los derechos reservados

 

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