¿Quién pagó la dote?

¿Alguna vez se ha preguntado qué quiere decir Jesús cuando dice que va a volver por “una novia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección” (Efesios 5:27-28)? ¿Cómo puede ser? ¿Cómo podrá la Iglesia ser tan perfecta? Parece algo imposible, difícil de concebir… pero tal vez sea porque tenemos una idea errada de lo que es la perfección y un concepto pobre del amor de Dios. Considere lo siguiente…

En nuestra cultura no se acostumbra; pero en las bodas del Medio Oriente se paga una dote. El padre de la novia da una dote – una cantidad significativa de bienes – al novio. Esta dote garantiza el bienestar de la novia.

Nosotros (la Iglesia) somos la novia – la esposa de Cristo. Entonces, ¿quién pagó la dote? ¿Y en qué consiste esa dote? El Padre mismo pagó la dote para la novia de Su Hijo, y el precio que pagó fue la vida de Jesús. Usted y yo hemos sido comprados por un precio – un precio invaluable. Él nos considera tan valiosos que dio Su propia vida para recibirnos como Su esposa y para garantizar nuestro bienestar.

Ahora podemos pensar qué quiere decir que la novia sea perfecta, sin mancha ni arruga. ¿Será que Él lo está esperando? ¿Será que Él busca que nosotros – la Iglesia – trabajemos arduamente para perfeccionarnos, y que solo cuando lo logremos va a venir por nosotros? Fíjese en el contexto de ese versículo: “Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable.”

Observe quién está actuando. Note sobre quién recae la responsabilidad.

IMG_20151013_131950_edit_editQuiero compartirle una experiencia para ilustrar un punto importante. Hace unas semanas estábamos en una aldea pobre en Egipto visitando varias familias y ministrándoles. Una de las niñitas que visitamos es Noor; una niñita de diez años, vivaracha, y muy, muy pobre. Después de hablar con ella le preguntamos si tenía alguna petición específica por la cual orar. Su madre nos pidió que oráramos por la piel de Noor, pues tiene una mancha grande en su frente. Era claro que la madre se siente avergonzada de la imperfección de su hija.

Mientras orábamos por ella pude sentir el amor que el Padre siente por ella, y Su deseo de comunicarle cómo la ve: “Eres hermosa. Eres perfecta, llena de luz. Te amo porque eres mía.”

Ese es el corazón del Padre hacia nosotros – Su tesoro – la novia que ha elegido para Su Hijo.

¿Será posible que cuando Jesús dice que viene por una novia perfecta, sin mancha ni arruga, no está declarando algo que espera en un futuro, sino más bien una declaración de cómo nos ve ahora mismo?

Nosotros somos – ahora mismo – la justicia de Dios. Somos hechura Suya. Él nos ve – ahora mismo – como una novia hermosa y radiante, sin mancha ni arruga, ni ninguna otra imperfección.

¿Quiere decir que no tenemos que hacer nada? Por supuesto que no. Podemos elegir si nos vamos a vestir y comportar de acuerdo con lo que somos o no. Muchas veces nos comportamos de forma que no es consistente con nuestra posición. No nos damos cuenta de lo valiosos que somos porque vivimos enfocados en nuestras fallas, criticándonos los unos a los otros (y a nosotros mismos), y poniéndonos máscaras. Nos comparamos los unos con los otros enfocándonos en nuestras debilidades y nos vestimos con ropa que va de acuerdo con la novia hermosa y radiante que el Padre dice que ya somos.

En Colosenses 3:12-14 Pablo describe las vestiduras de quienes somos escogidos, santos y amados. Estas son las vestiduras que van de acuerdo con la forma en que Dios nos ve: afecto entrañable, bondad, humildad, amabilidad, paciencia, tolerancia, perdón y amor. ¿Cómo nos podemos vestir así? Recibiendo Su amor y afirmación; creyendo que ya mismo somos esa novia hermosa y radiante; dejando que Él mismo nos purifique y nos lave.

Somos la Novia de Cristo. Hemos sido comprados con un precio invaluable. Nuestro Padre ha pagado la dote, y Su Hijo está anhelando el día en que vamos a estar con Él por toda la eternidad.


Dra. Chiqui Polo-Wood   | Todos los derechos Reservados 2015

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