No vamos sin Benjamín

Estoy escribiendo esta reflexión en Egipto después de conocer al equipo de Healing Grace (Gracia sanadora) con el que estamos sirviendo. Este ministerio le brinda ayuda a familias cristianas muy pobres en Egipto con salud, educación, agua potable y Jesús. Son las manos y pies de Jesús de forma real, concreta y práctica. En la reunión introductoria uno de los líderes compartió su motivación para servir en este ministerio con una analogía sencilla pero profunda que me lleva a hacer esta reflexión: “No vamos sin Benjamín.”

En Génesis 43 leemos la historia del segundo viaje de los hermanos de José a Egipto. Diez de sus hermanos habían ido anteriormente a comprar comida – todos menos Benjamín. José los reconoció, pero fingió no reconocerlos. Les dio alimento y les puso una prueba: encarceló a Simeón y les dijo que regresaran a Canaán y volvieran con Benjamín (el menor de los hermanos). Los nueve hermanos regresaron a la casa de su padre, Jacob, y le contaron lo que había acontecido en Egipto.

En el capítulo 43 continúa la historia:

El hambre seguía aumentando en aquel país. Llegó el momento en que se les acabó el alimento que habían llevado de Egipto. Entonces su padre les dijo:

—Vuelvan a Egipto y compren un poco más de alimento para nosotros.

Pero Judá le recordó:

—Aquel hombre nos advirtió claramente que no nos presentáramos ante él, a menos que lo hiciéramos con nuestro hermano menor [Benjamín].

Judá tenía muy en claro que no se debía presentar ante su “salvador.” No estaba dispuesto a ir al lugar de su salvación sin Benjamín.

Así mismo, ¿podríamos tener la convicción de no estar dispuestos a presentarnos ante nuestro Salvador sin nuestros hermanitos? Confieso que la mayor parte del tiempo me preocupo más por mi propio bienestar que por las necesidades de estos pequeños. Pero estoy aceptando el desafío de mirar, de darme cuenta, de amar, de hacer algo para que los Benjamines nos acompañen.

¿Qué puedo hacer? ¿Cuál es la parte que me corresponde? Sé que no los puedo salvar a todos; pero esa no debería ser una excusa para no hacer nada. Sé que puedo hacer ALGO, y entonces podré acercarme confiadamente ante mi Padre y Salvador diciéndole: “No vine sola, sino que traje a mis hermanitos también.”

Dios, ayúdame a hacerlo. Muéstrame qué puedo hacer. Quiero decir “Sí” a tu llamado.


Dra. Chiqui Polo-Wood  |  Todos los Derechos Reservado 2015

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