¿De verdad queremos avivamiento?

“Acepto los tiempos difíciles…” Me quedé boquiabierta cuando escuché estas palabras que pronunció el pastor “S” (de El Cairo, Egipto). Me mueve a examinar mi corazón y preguntarme si realmente quiero ver un avivamiento y si quiero ser parte de lo que Dios está haciendo en nuestra generación.

Frecuentemente, cuando nos reunimos a orar, oigo clamores de avivamiento. Le pedimos a Dios que haga algo grande en medio nuestro. Muchos tenemos sed de ver un gran mover de Dios a través de nosotros. Oramos pidiendo que “venga Su reino” y “que se haga Su voluntad.” Queremos ver milagros y ser testigos de las historias que estamos escuchando de las cosas que están pasando en tierras lejanas. Pero, ¿sabemos realmente qué estamos pidiendo? ¿Estamos dispuestos a pagar el precio de la respuesta a nuestras oraciones por avivamiento?

Lo que he visto es que por un lado pedimos estas cosas, pero al mismo tiempo nos preocupamos por nuestro bienestar; queremos sentirnos seguros y cómodos. No queremos tener que enfrentar ningún tipo de oposición, ¡y mucho menos persecución! No queremos tener dificultades ni presiones. Según nuestras oraciones, queremos que Dios haga algo grande – pero no estamos listos a participar en él.

Sé que puede sonar duro, y les pido que me disculpen. Tal vez no debería referirme a “nosotros” sino solo a mí misma. Estoy escribiendo mis reflexiones de las muchas lecciones que aprendí durante mi viaje misionero a Egipto.

Cuando estábamos en El Cairo visitamos una iglesia evangélica muy grande y después tuvimos el privilegio de tener una reunión con el pastor y algunos de sus líderes. Nos contaron acerca de su iglesia, lo que están haciendo para alcanzar a su comunidad, de sus estrategias misioneras y de lo que están haciendo como respuesta a la actual crisis de los refugiados del Medio Oriente.

Debo confesar que este viaje me cambió muchas de las ideas preconcebidas que tenía acerca de esa región. Encontré que la gran mayoría de los musulmanes son personas amorosas y tranquilas que nos recibieron con los brazos abiertos. No son tan diferentes a nosotros mismos. Esperaba encontrarme con unos cristianos atemorizados, obrando a escondidas por miedo a sus enemigos; pero me encontré con lo opuesto: una Iglesia fuerte, valiente y confiada. Vi a una Iglesia que está brillando en un mundo oscuro, alcanzando a miles con el amor de Dios expresado de forma práctica. Tienen hospitales, centros de rehabilitación de drogas, campamentos deportivos, festivales, y encuentros matrimoniales con las puertas abiertas a sus vecinos musulmanes sin esperar nada a cambio. Por el contrario, adaptan sus materiales para suplir las necesidades de los musulmanes con tal de amarlos como ellos lo pueden recibir. Movidos por estas manifestaciones de amor, muchos musulmanes están conociendo y entregando sus vidas a Jesucristo.

Oí las historias de lo que está pasando en el Líbano, en Jordania, y en otros países del Medio Oriente, donde las iglesias cristianas están recibiendo a los refugiados. Por ejemplo, en el Líbano hay iglesias que tenían entre 30 y 40 miembros, que ahora tienen más de 600 personas reuniéndose semanalmente a adorar a Jesús. ¡Eso es avivamiento!

Antes de este viaje creía que el gran problema de esta región es que los musulmanes están persiguiendo a los cristianos y tratando de acabar con nuestra fe. Pero ahora veo otra parte del conflicto: los musulmanes radicales están atacando a otros musulmanes – y éstos están encontrando refugio, ayuda y amor en las iglesias cristianas. ¡Eso es avivamiento!

Como mencioné al comienzo, el Pastor “S”, hablando acerca de la situación política de Egipto y la probabilidad de volver al régimen anterior que era muy hostil hacia los cristianos, dijo: “Acepto los tiempos difíciles; pero no estoy seguro de que la gente los pueda soportar una vez más.” Él le da la bienvenida a los tiempos difíciles porque ha visto el avivamiento que ha surgido como resultado (que de paso sea dicho, es el patrón que vemos en el libro de Hechos – el avivamiento siempre surge de la persecución).

Entonces, ¿cómo respondemos nosotros? ¿Estamos dispuestos a recibir a nuestros “prójimos” musulmanes y a amarlos incondicionalmente? ¿Podremos abrir nuestras puertas para recibir a los refugiados de otros países que están viniendo en búsqueda de una mejor vida? La Iglesia de los Estados Unidos está enfrentando la máxima oportunidad que hemos visto para un gran avivamiento. ¿Cómo vamos a responder?

Los dejo con mis propias reflexiones, y les invito a que reflexionen junto conmigo. Padre, por favor muéstrame lo que hay en mi corazón. Haz que Tu perfecto amor eche fuera todo temor para que yo pueda cooperar más efectivamente contigo. Enséñame a orar, no por mis propios intereses de comodidad y seguridad, sino porque Tu reino sea establecido en nuestro medio. Cámbiame y moldéame. Quiero ser instrumento de Tu amor. Trae un avivamiento sobre nuestro país, y úsame para cumplir con Tus propósitos.

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