El porqué de las pruebas

Todos podemos aprender a través de las pruebas. No hay duda al respecto. Si las encaramos bien, podemos ver cómo las pruebas traen buenos resultados. Nos ayudan a crecer, a valorar las cosas pequeñas, a enfocarnos en lo que realmente vale la pena. El problema es que a veces esta observación nos lleva a conclusiones erradas acerca del porqué de las pruebas que enfrentamos. Le damos gracias a Dios por el resultado, entonces creemos que es Él quien nos puso a prueba con tal de enseñarnos una lección. O sentimos el amor y el consuelo de Dios en medio de la prueba, y creemos que Dios mismo la generó para acercarnos a Él. Pero Dios no es así.

Cuando mi sobrinita, Natalia, tenía unos 5 años y venía de visita a mi casa, siempre quería comer huevos revueltos con aguacate. Y como yo le quería dar gusto, siempre le preparaba lo mismo. Nati quería ayudar en la cocina, así que después de mucha insistencia, decidí empezar a enseñarle algo muy básico. Le acerqué una silla a la estufa, y le di órdenes estrictas de que no tocara NADA excepto el tenedor con el que estaba revolviendo sus huevos. Le mostré el fogón y le dije que estaba caliente, y que ni de riesgos lo fuera a tocar. Pero se me olvidó tener en cuenta que como nuestra estufa tiene superficie lisa, apenas se apaga el fogón se pone negro, pero sigue caliente por un buen rato. Ya se imaginarán lo que pasó… Cuando terminamos la preparación, mientras ponía los huevos en un plato, Nati puso su mano, por un instante, sobre la superficie. Ella daba alaridos del dolor en sus deditos, y yo me sentía terrible. Afortunadamente teníamos crema para las quemaduras, así que mientras mi esposo le administraba primeros auxilios yo la abracé, le hablé con ternura, le dije cuánto la amo y cuánto sentía lo que le había pasado. Unos minutos más tarde el dolor menguó y las ampollitas dejaron de arder. Entonces usé la oportunidad para enseñarle acerca de las superficies calientes, y cómo prevenir que algo semejante le volviera a suceder. Me alegra decir que no le quedaron cicatrices, ni en su mano, ni en su alma, pero sí aprendió una lección.

¿Era valiosa la lección? Por supuesto. ¿Queríamos (sus padres y yo) que ella la aprendiera? ¡Claro! Pero no de esa forma. No soy abusadora de niños, y ¡amo a mi sobrina! Jamás se me habría ocurrido hacerla pasar por semejante tortura para que aprendiera la lección, y mucho menos para que supiera cuánto la amo y que pudiera sentir mi amor. Sería absurdo si quiera pensar en hacer algo así. Y sin embargo, a veces pensamos que Dios se comporta de esa forma para con nosotros…

Pero Jesús dice que si lo hemos visto a Él, hemos visto al Padre. Mejor dicho, que podemos conocer el carácter del Padre viendo el carácter y las acciones de Jesús. ¿Ves en alguna parte de la Biblia una ocasión en que Jesús haya hecho enfermar a alguien? ¿Ves algún caso en que Jesús haya puesto a una persona en un problema para enseñarle una lección? ¿Ves alguna historia en que Jesús le haya quitado algo a alguien para atraerlo al Padre? ¡Por supuesto que no! Por el contrario, “Dios ungió a Jesús con el Espíritu Santo y con poder, y Jesús anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que estaban oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos 10:38). Jesús iba por todos lados ¡haciendo el bien! Ese es el corazón del Padre.

Vivimos en un mundo caído, donde vamos a sufrir. Cuando enfrentamos pruebas, Dios – siendo el Padre bondadoso que es – las usa para nuestro beneficio: enseñándonos algo, revelándonos Su amor, Su consuelo o Su paz, abriendo puertas de ministerio, etc.

Entonces, tengamos esto en claro: Dios nunca es el autor de la destrucción. Pero cuando le ofrecemos nuestras vidas quebradas y dolidas, Él hace algo maravilloso con ellas. Él no crea las pruebas, pero siempre puede hacer que obren para bien. Entonces podemos alabarlo confiadamente, porque ¡Él es bueno!

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Learning from Trials

We learn from trials. There’s no denying that. Often time we see good coming out of difficult situations. But sometimes our observation results in wrong conclusions about the nature and purpose of trials in our lives. We think that He orchestrates the pain or the trials we go through in order to teach us lessons. We go through trials and feel His comfort, and mistakenly think that He created the trial so we could know His love. But God is not like that.

When my niece, Natalia, was around 5, when she came to visit she always wanted to eat scrambled eggs and avocado. It became a predictable pattern. And, of course, I would make that meal for her. She was getting to that point of feeling like a “big girl” and she wanted to help with the cooking. So I wanted to start teaching her some basics. I pulled a chair next to the stove and gave her very clear instructions not to touch anything except the fork with which she was supposed to scramble her eggs. My mistake was forgetting that our glass-top stove would turn black as soon as the burner was off, but the surface was still hot. We removed the skillet and she saw me turn the burner off, and excitedly put her hand on the surface to reach for something else. You can imagine what happened next. Amid her screams, crying and tears, I felt so badly! Fortunately we had some burn cream at home, and some bandages. Kerry immediately rendered first-aid while I held her, trying to comfort her. After some time the pain subsided and the small blisters seemed to be under control. I took the opportunity to teach her about the glass-top stove, and how to prevent future occurrences of that very bad experience. I am glad to say she bears no scars from that experience; but she did learn a lesson.

Was it a valuable lesson? Of course! Did her parents and I want her to learn not to touch hot things? Yes. Did I intend for her to burn her hand for her to learn that lesson? Of course not! I’m not a child abuser! I love my niece! Did I create that experience so she would feel my comfort and learn that I love her? That would be absurd! And yet, sometimes we think that God works that way toward us.

But Jesus says that if we have seen Him, we have seen the Father. In other words, we can know what the Father does (or doesn’t do) by looking at Jesus. Did Jesus ever make anyone sick? Did He ever put someone in a difficult situation to teach him a lesson? Did Jesus ever take things away from people to draw them to the Father? Of course not! On the contrary, “God anointed Jesus of Nazareth with the Holy Spirit and power, and He went about doing good and healing all who were oppressed of the devil, because God was with Him” (Acts 10:38). He went about doing good! That is the heart of the Father.

We live in a broken world, where we will experience difficulties. When we go through trials, God – being the good Father He is – will use those for our benefit: whether teaching us a lesson, revealing His love, comfort or peace, opening avenues of ministry, or whatever.

So let’s be clear about this: God is never the author of destruction. But when we give Him the pieces of our lives, He works something beautiful out of them. He doesn’t create the trials, but He can certainly make something good come from them. So we can confidently praise Him for His goodness.


Dr. Chiqui Polo-Wood   |  All Rights Reserved 2015

Puede confiar en Dios

Todos enfrentamos una pregunta importante todos los días.  Es una pregunta que nos lleva a indagar en cuanto a nuestra relación con Dios.  Muchas personas preguntan si uno ama a Dios; pero eso es fácil.  Pero la pregunta que realmente nos debemos hacer es si confiamos o no en Dios.

¿Confía usted verdaderamente en Dios?

Hace unos años estaba cuidando a mi sobrinita.  Tenía 10 meses.  Cuando le dio hambre le preparé tu tetero, la tomé en mis brazos, y mientras la mecía dándole su leche pensé: “Esta nena confía en mí.”  Ella confiaba plenamente en que yo iba a cuidarla, protegerla, y darle todo lo que ella necesitaba.  Y con todo lo que yo la amo, con todo mi esfuerzo por ser una buena tía, y con todas las buenas intenciones que tengo hacia ella, sé que algún día le voy a fallar.  Y sin embargo ella confía en mí.

Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto trabajo confiar en Dios, si Él es perfecto?

Tal vez es porque tenemos ideas equivocadas acerca de la naturaleza de Dios.  Vivimos en un mundo en el cual es normal atribuirle a Dios todas las cosas malas que pasan, y para las que no encontramos respuestas.  A los desastres naturales se les ve como “obra de Dios.”  Por el contrario, cuando algo bueno nos pasa, decimos que tenemos “buena suerte” (o como está de moda decir: buena energía).

Como tenemos una idea distorsionada de Dios nos cuesta trabajo realmente confiar en Él.  ¿Alguna vez ha cuestionado a Dios?  ¿Alguna vez ha levantado un puño al cielo reclamándole?  ¿Alguna vez se ha preguntado dónde estaba Dios cuando algo malo pasó?

Quisiera invitarle a pensar en tres atributos de Dios para ver si nos dan una idea más clara de quién Él es, y nos ayudan a confiar más en Él:

  1. Dios es AMOR. Y como Dios es amor, Su voluntad siempre se perfecta. Él tiene buenos pensamientos hacia usted.  Le ha amado eterna e incondicionalmente.  Le ama tanto que aun en su pecado Dios no lo rechazó, sino que hizo lo necesario para que pudiera ser reconciliado con Él.  Dios es amor, y Su voluntad siempre es perfecta.
  1. Dios es OMNISCIENTE. Y como Dios conoce todas las cosas, Sus caminos siempre son los mejores. Tal vez usted esté en desacuerdo con Él, o tal vez simplemente no entienda Sus tiempos o Sus métodos; pero Él conoce todo lo concerniente a usted.  Conoce su pasado, su presente y su futuro.  Y tiene planes para usted que usted no se alcanza a imaginar.  Él es omnisciente, y Sus caminos siempre son los mejores.
  1. Dios es OMNIPOTENTE. Y como Dios tiene todos los recursos, le va a dar todo lo que usted necesite para que Su voluntad sea hecha en su vida. Él nunca le va a pedir que haga algo sin antes darle todo lo que necesite para llevarlo a cabo.  Dios no le está tendiendo una trampa para que fracase.  Dios es omnipotente, y le dará todo lo que necesite para que se cumplan Sus planes.

¿Puede confiar en Dios?  ¿Puede confiar en un Dios que es amor, que es omnisciente, y que es omnipotente?  ¿Puede poner su vida, sus decisiones, y su futuro en las manos de Aquel cuya voluntad siempre es perfecta, cuyos caminos siempre son los mejores, y que puede darle todo lo que necesite para que se cumplan los planes que tiene para usted?

Si hay algún área en la que ha estado teniendo dificultades, le invito a confiar en Dios.  Él nunca le va a defraudar.  Usted puede descansar en Su abrazo – como lo hizo mi sobrinita – y confiar en Él.


Dra. Chiqui Polo-Wood   |   Todos los derechos Reservados 2015

Why You Can Trust God

All of us face a very important question on a daily basis.  It’s a question that gets to the core of our relationship with God.  Many people ask the diagnostic question: “Do you love God?”  But that’s easy.  Loving God is easy.  What’s not to love?  The true question that we all face is, “Do you trust God?”

I mean…  Do you REALLY trust God?

Last week I was babysitting my 10-month-old niece.  When she got hungry, I prepared her bottle, held her in my arms, and as I was rocking her and feeding her, I thought “this little girl trusts me.”  She completely trusted me to take care of her and meet her needs.  And as much as I love her, and as nice as I am, with all my good intentions toward her – I will still fail her.  And yet she trusts me…

So why is it that we have such a hard time trusting God, who IS perfect?

I propose to you that it’s because we have a distorted picture of God’s true nature.  We live in a world that has made it a habit to attribute everything bad that happens to God.  Like earthquakes, hurricanes, and the like are called “acts of God”.  And anything good that happens, well… that’s just “luck”.

And because we have such a distorted perception of who God really is, we have a hard time really trusting Him.  Have you ever found yourself questioning God?  Or shaking your fist at Him?  Have you every wondered where God was in the middle of a situation?

I’d like for us to consider just 3 attributes of God.  Let’s see if we can get a clearer picture of who He really is.

First, God is LOVE.  And because God is love, His will is ALWAYS perfect.  He has good thoughts toward you.  He has loved you with an everlasting love.  He loves you so much, that even in your sins, He loved you and made a way for you to come to Him.  God is Love, so His will is always perfect.

God is OMNISCIENT.  And because God knows everything, His ways are ALWAYS best.  Now, you may disagree with Him, or not understand His ways or His timing.  But He knows everything about you.  He knows your past, your present and your future.  He knows things you haven’t even imagined.  He is omniscient, so His ways are always best.

God is OMNIPOTENT.  And because He has unlimited resources, He will give you EVERYTHING that you need for His will to be done in your life.  He will never give you an assignment without giving you all that you need to accomplish it.  He’s not setting you up to fail.  He is omnipotent, so He will give you all that you need for His will to be done.

Can you trust God?  Can you trust a God who is Love, who is Omnicient, and who is Omnipotent?  Can you trust your life, your decisions, and your future to the one whose will is always perfect, whose ways are always the best, and who will give you all that you need for His will to be done in your life?

Is there an area that you have been struggling with lately?  You can trust God.  He will never let you down.  You can rest comfortably in His arms – like my little niece did in mine – and trust Him.


Dr. Chiqui Polo-Wood   |   All Rights Reserved 2015

Puedes viajar en primera clase

“¡Este asiento es de primera clase!” Imagínate mi sorpresa cuando me di cuenta que iba a poder disfrutar de los beneficios de primera clase en un largo vuelo internacional.

Me había sentado en mi asiento de ventanilla en la cabina principal, lista para un vuelo largo, cuando me di cuenta que había una familia que estaba buscando personas que pudieran cambiar de asiento con ellos para poder sentarse juntos. Como yo estaba viajando sola, les ofrecí mi asiento. El padre me dio su pasabordo, le dejé mi asiento, y empecé a caminar hacia el frente del avión para tomar el suyo. Entonces noté que su asiento era el 1A. ¡Un asiento de primera clase! Fue uno de los mejores vuelos que he experimentado – con todos los privilegios de primera clase pude disfrutar el vuelo mucho más.

Quiero que notes lo siguiente:

1. No necesitaba un asiento de primera clase para llegar a mi destino. Aun viajando en la cabina principal habría llegado.

2. Fue algo gratuito. No tuve que pagar para recibirlo, ni hacer nada para merecerlo.

3. Lo único que tuve que hacer fue estar dispuesta a ceder mi “comodidad” y recibir algo a cambio.

4. Mi valor como persona no cambió para nada con viajar en primera clase.

5. El asiento de primera clase no me hizo ser mejor que ninguna otra persona en el vuelo.

6. ¡Pero el viaje fue mucho más agradable!

Te comparto esta anécdota para ilustrar uno de los mejores dones que Dios nos quiere dar: el bautismo en el Espíritu Santo.

Cabe aclarar que todos recibimos al Espíritu Santo en el momento de nuestra conversión. Esto lo vemos en Juan 20:22 donde Jesús (después de resucitar), sopló sobre Sus discípulos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo.”

Pero DESPUÉS de ese evento, “les ordenó: —No se alejen de Jerusalén, sino esperen la promesa del Padre, de la cual les he hablado: Juan bautizó con agua, pero dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo” (Hechos 1:4-5).

Hay una diferencia entre recibir al Espíritu Santo (en la conversión) y ser bautizados en el Espíritu Santo. Jesús dice que esto último es la “promesa del Padre.” Y Jesús nos dice que todos los dones del Padre son buenos (ver Lucas 11:9-13). No sé qué pienses tú, pero si hay algo que el Padre me quiere dar, y que Jesús dice que debo recibir, ¡Lo quiero!

En este artículo no tengo espacio para enumerar todos los beneficios del bautismo en el Espíritu Santo (tal vez lo haga más adelante). Pero sí quiero recalcar:

1. No necesitas el bautismo en el Espíritu Santo para llegar a tu destino. Sólo necesitas recibirlo (creyendo en Jesús) para ser salvo.

2. El bautismo en el Espíritu Santo es gratuito. No tienes que pagar para recibirlo, ni puedes hacer nada para merecerlo.

3. Lo único que tienes que hacer es estar dispuesto a ceder tu “comodidad” y recibir algo a cambio.

4. Tu valor como persona no cambia para nada con recibir el bautismo en el Espíritu Santo.

5. El bautismo en el Espíritu Santo no te hace mejor que las demás personas – solo mejor que tú mismo sin él.

6. Pero, con el bautismo en el Espíritu Santo, ¡tu viaje va a ser mucho más agradable!

Entonces quiero preguntarte: ¿has recibido la “promesa del Padre”?

Lo único que tienes que hacer es pedirle a Jesús que te bautice en el Espíritu Santo (Mateo 3:11) y recibir por fe.

1 Juan 5:14-15 dice: “Ésta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que Dios oye todas nuestras oraciones, podemos estar seguros de que ya tenemos lo que le hemos pedido.”

Si le pides a Jesús que te bautice en el Espíritu Santo, estás pidiendo conforme a la voluntad de Dios. Entonces puedes estar seguro de que Él te oye, y que ya tienes lo que has pedido.

No te conformes por la cabina principal, cuando puedes viajar en primera clase.


Dra. Chiqui Polo-Wood   |  Todos los derechos Reservados

Don’t Settle for Coach when You Can Fly First Class

“Wait… this is a first class seat!” Imagine my surprise when I realized I would enjoy the benefits of first class on my overseas flight.

I had settled in my coach window seat, ready for a long plane ride when I noticed that a family was looking for people to trade their seats so they could be together. I was traveling by myself, so I offered my seat. The grateful father gave me his boarding pass, and I started making my way to the front of the plane to take his seat. Then it hit me! The boarding pass said seat 1A. That’s a first class seat! I enjoyed all the perks and it made that long journey so much better.

Here are some things that are important to notice:

1. I didn’t need a first class ticket to get to my destination. I would have still made it traveling in coach.

2. It was a free gift. I didn’t have to pay for it; I didn’t do anything to earn it.

3. All I had to do was be willing to give up my “comfort zone” and receive.

4. My value as a person didn’t change because I was flying first class instead of coach.

5. The first class seat didn’t make me any better than any other person on the plane.

6. But it made the journey much more enjoyable!

I share this to illustrate one of the primary gifts that God gives us: the baptism in the Holy Spirit.

Just to be clear… We all receive the Holy Spirit at the point of our conversion. We see this depicted in John 20:22 when Jesus (after His resurrection), breathed on His disciples and said to them, “Receive the Holy Spirit.”

But AFTER that event, He “ordered them not to depart from Jerusalem, but to wait for the promise of the Father, which, he said, ‘you heard from me; for John baptized with water, but you will be baptized with the Holy Spirit not many days from now’” (Acts 1:4-5).

There is a difference between receiving the Holy Spirit (at conversion) and being baptized in the Holy Spirit. Jesus calls the latter, the “promise of the Father.” And Jesus tells us that all of the Father’s gifts are good (see Luke 11:9-13). I don’t know about you; but if there is something that the Father wants to give me, and that Jesus says I should receive, I want it!

I don’t have space in this blog to mention all of the benefits of being baptized in the Holy Spirit (I may cover those in a subsequent entry). But I want to point out:

1. You don’t need the Baptism in the Holy Spirit to get to your destination. You only need to receive Him (by believing in Jesus) to be saved.

2. The Baptism in the Holy Spirit is a free gift. You don’t have to pay for it; and you can’t do anything to earn it.

3. All you have to do is be willing to give up your “comfort zone” and receive.

4. Your value as a person doesn’t change because you receive the Baptism.

5. The Baptism in the Holy Spirit doesn’t make you better than any other person – just better than yourself without it!

6. With the Baptism in the Holy Spirit, your journey will be much more enjoyable!

So, let me ask you, Have you received the “promise of the Father”?

All you have to do is ask Jesus to baptize you in the Spirit (Matthew 3:11), and then receive by faith.

1 John 5:14-15 tells us, “And this is the confidence that we have toward him, that if we ask anything according to his will he hears us. And if we know that he hears us in whatever we ask, we know that we have the requests that we have asked of him.”

If you ask Jesus to baptize you in the Spirit, you are asking according to God’s will. So you can be confident that He hears you, and that you have the request that you have asked of Him.

Don’t settle for “coach” when you can fly “first class.”


Dr. Chiqui Polo-Wood  |  All Rights Reserved 2015

El amor rompe las barreras

¿Cómo podría ministrarle? No teníamos nada en común… por lo menos eso es lo que yo creía.

Estábamos en Poiana, Rumania, visitando a algunos miembros de la iglesia de nuestros amigos Alex y Heather Chalmers. Es difícil describir la pobreza que vimos – y eso que yo he visto mucha pobreza en mi vida. De todo corazón quería poder compartir algo para animar o ayudarlos, pero no sabía qué hacer, especialmente cuando conocí a Micaela.* Esta hermosa anciana vivía sola en su casita… En realidad no sé si se podría decir que era una “casa.” Era más bien un cuarto, como de 4 metros x 4 metros, sin electricidad ni agua corriente. Éramos un grupo de 10 personas y no cabíamos en este espacio. Alguien le regaló una linterna de cuerda, y por su reacción uno creería que Micaela se había ganado la lotería. Obviamente no tenía muchas pertenencias, pero se notaba el cariño con el que había decorado su hogar. Ver eso me hizo poner en perspectiva las comodidades que tenemos y cómo muchas veces las damos por hechas.

Pero volviendo al tema… quería ministrarle, pero no sabía cómo. ¡No teníamos nada en común! Ni edad, ni raza, ni cultura, ni idioma… ¡nada! Entonces le pedí a Dios que me diera algo para compartir con ella para que pudiera sentir Su amor. Entonces me enteré que su único hijo había muerto unos meses antes. Eso era algo que teníamos en común: el dolor de perder a un ser querido. Sentí que el Espíritu Santo me estaba pidiendo que le compartiera mi experiencia y la consolara con el consuelo que yo había recibido de parte de Dios.

Le pedí a nuestro traductor que le dijera que entendía su dolor, porque hacía poco yo había perdido a mi esposo, y que me gustaría abrazarla. Micaela me miró y se le aguaron los ojos. La abracé y lloramos juntas. Compartimos un momento de duelo. El dolor se convirtió en el puente que rompió todas las barreras y unió nuestros corazones.

Después me enteré que esa había sido la primera vez que había llorado por la muerte de su hijo. Había llevado ese dolor por dentro sin poderlo expresar. (Parece que en Rumania se habían acostumbrado a ignorar el duelo). Pero Dios le llevó a una extraña, de un país lejano para consolarla – no con palabras elocuentes, sino con un simple abrazo. Un abrazo que decía: “Dios conoce tu dolor, y Dios quiere consolarte.”

Esto me recuerda las palabras de Pablo de 2 Corintios 1:3-4: “Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, 4 quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren.”

Uno puede cooperar con Dios consolando a los que sufren. No importa donde se encuentre, uno puede mirar alrededor y ver que hay personas dolidas. Tal vez pienses que no tienes nada en común con ellas, pero aun así puedes compartir el amor que has recibido de parte de Dios. Comparte el consuelo que has experimentado. Anima a los demás con el ánimo que has recibido de parte de Dios. Te sorprenderás al ver cómo Dios te usa para ministrar a los demás, si tan solo estás dispuesto.

*Cambié su nombre para guardar su privacidad.

Dra. Chiqui Polo-Wood   |   Todos los Derechos Reservados 2015

Crossing Boundaries through Love

How could I possibly minister to her? We had nothing in common… or so I thought.

We were in Poiana, Romania, visiting some of the people that our friends Alex and Heather Chalmers minister to. It is hard to put into words the poverty that we saw, and how helpless I felt. I wanted to minister to them, but had a hard time finding the words. This was particularly difficult when we visited Mihaela.* This lovely old woman lived in a house… I don’t even know that you could call it that. It was more like a room. About 10 feet by 10 feet, with no electricity and no running water. Our team (of 10 people) hardly fit as we visited her. Someone gave her a wind-up flash light, and you would have thought she had won the lottery! She obviously didn’t have many possessions, and yet all that she had was neatly arranged in this small room. She had taken great care to decorate her little space and make it a home. It was forcing me to put in perspective the many comforts that we enjoy and that we so often take for granted.

I wanted to minister to her, but didn’t know how. We had nothing in common! Neither age, nor race, nor language, nor culture… nothing! So I asked the Lord to give me something that I could share with her to let her feel His love. Then I found out her only son had died a while back. Now we had something in common: the pain of losing a loved one. I sensed Holy Spirit prompting me to share my story and comfort her with the comfort I had received from the Lord.

So I asked our translators to tell her that I understood her pain because I had recently lost my husband, and that I would like to hug her. Mihaela looked up at me and her eyes welled with tears. I embraced her and we both cried together. We shared a moment of grief. The pain we had both experienced became the bridge that crossed over all boundaries and joined our hearts.

I later found out that she had never cried over the loss of her son. In communist Romania, they had been conditioned to just bury their dead and quickly get on with life. But God brought a total stranger from the other side of the world to minister to her – not with eloquent words, but with a simple hug. It was a hug that said: “God sees your pain.” It was a hug that said, “God cares about you.”

I am reminded of Paul’s words from 2 Corinthians 1:3-4, “Blessed be the God and Father of our Lord Jesus Christ, the Father of mercies and God of all comfort, who comforts us in all our affliction, so that we may be able to comfort those who are in any affliction, with the comfort with which we ourselves are comforted by God.”

You can partner with God in bringing comfort and hope to others. No matter where you are, look around. People are hurting. Even if you don’t have anything else in common with them, share the love that you have received from God. Share the comfort that you have experienced from Him. Encourage others with the encouragement you have found in Him. You will be surprised at how God will use you to minister to others, if you are just willing.

*I changed her name to protect her privacy.

Dr. Chiqui Polo-Wood   |   Al Rights Reserved 2015

Dios de las montañas y los valles

¡Me encantan las montañas! Para mí no hay nada tan majestuoso como ellas. Hay algo acerca de las montañas que eleva mis ojos y me lleva a alabar a Dios por Su grandeza. Por eso no me sorprende que muchas veces usamos las montañas como una metáfora de los momentos buenos de nuestras vidas. ¿Sabías que casi todos los encuentros significativos con Dios que se encuentran en la Biblia se llevaron a cabo en el tope de una montaña?

* En el Monte Moriah Dios se reveló a Abraham como el Dios que provee su propio sacrificio (Génesis 22).

* En el Monte de Horeb Dios se reveló a Moisés como el gran “Yo Soy” (Éxodo 3).

* En el Monte Sinaí Dios se reveló al pueblo de Israel y les dio la Ley (Éxodo 31).

* Desde el Monte Abarim Moisés vio la tierra que Dios le estaba dando a Israel (Números 27).

* En el Monte Carmel Elias venció a los profetas de Baal (1 Reyes 18).

* Pedro, Santiago y Juan vieron la transfiguración de Jesús en una montaña (Mateo 17, Marcos 9, Lucas 9).

* Jesús les enseñó a Sus discípulos en el Monte de los Olivos (Mateo 24, Marcos 13).

* Los discípulos recibieron la Gran Comisión en una montaña de Galilea (Mateo 28).

¡Qué fácil es alabar a Dios cuando estamos en la montaña! Es fácil fijar nuestros ojos en Él y adorar a nuestro creador cuando las cosas nos están saliendo bien. Es fácil agradecer a Dios por Su ayuda cuando el mundo está “al derecho” y tenemos una perspectiva clara de Su obra en nuestras vidas.

Pero los valles son más complicados… Los valles generalmente tienen la connotación de dificultades, de problemas, y aun de muerte. Los valles en nuestras vidas son esas etapas de penumbra en las que parece que el enemigo tiene la ventaja. Los valles son esos lugares misteriosos en los que tenemos más preguntas que respuestas y donde parece que Dios no está escuchando nuestras oraciones.

Cuando nos encontramos en un valle podemos estar de acuerdo con los siervos del rey de Siria (nuestro enemigo), que dijeron del Dios de Israel: “Los dioses de los israelitas son dioses de las montañas. Por eso son demasiado fuertes para nosotros. Pero si peleamos contra ellos en las llanuras, sin duda los venceremos” (1 Reyes 20:23). Ellos habían visto cómo Dios le había dado a la victoria a Israel, pero pensaban que Dios solo era el Dios de las montañas.

¿Alguna vez te has sentido así? Tal vez has sentido la mano de Dios sobre tu vida en los momentos buenos, pero también has pasado por momentos en los que pensaste que Dios te había abandonado.

Pero mira el resto de la historia. Dios respondió: “Por cuanto los sirios piensan que el Señor es un dios de las montañas y no un dios de los valles, yo te voy a entregar este enorme ejército en tus manos, y así sabrás que yo soy el Señor” (1 Reyes 20:28).

Aun cuando sientes que Dios no está luchando por ti, ¡Él está ahí! Cuando te encuentres en un valle, descansa confiado y recibe la victoria del Señor. Él es del Dios de las montañas y los valles, y no te va a defraudar. Dios está contigo, y está a favor tuyo. Nunca te dejará ni te abandonará. Acércate a Él y recibe Su gracia. ¡Alaba a Dios desde las montañas! Y alábalo también en los valles.


Dra. Chiqui Polo-Wood   | Todos los derechos reservados 2015