Cómo disfrutamos más

Hoy he estado caminando sola por Oxford.  Estoy admirando los edificios tan imponentes que tienen tanta historia, tanta belleza, tanto conocimiento… y no tengo a nadie con quien compartirlo, excepto Dios.  Entonces me pongo a hablar con Él acerca de todo esto, y me lleva a pensar en la dicotomía de querer, por un lado, compartir esta experiencia con alguien más, y por el otro, disfrutar y valorar este tiempo que tengo a solas con Él.

20150805 Divinity School 2Entonces empiezo a pensar en lo que hemos estado viendo en nuestra clase de esta semana.  Estamos hablando acerca de la renovación de la adoración.  Y un pensamiento que he tenido constantemente es que la Biblia nos dice que no dejemos de reunirnos, pero muchas veces creemos que esto consiste en ir a un edificio una vez por semana (tal vez dos) donde se reúnen muchas personas.  En términos generales en nuestros servicios en la iglesia todos disfrutamos de las mismas cosas simultáneamente (la música, el sermón, las oraciones); pero… ¿estamos realmente reuniéndonos?  ¿Estamos realmente adorando a Dios en comunidad, o será más bien que estamos adorando a Dios cada uno por su parte, pero en compañía de muchos otros?  Espero no ser malentendida con esto.  No estoy tratando de menospreciar el valor de la adoración individual, y mucho menos lo que hacemos en los servicios de la iglesia.  Pero me pregunto si el autor de Hebreos tenía algo más en mente cuando dice, “No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros…” (10:25).

Volviendo a mi caminata por Oxford.  Me doy cuenta que puedo disfrutarla y apreciarla por mi misma.  Pero la disfrutaría aún más si la pudiera compartir con alguien más.  Puedo apreciar lo que veo, pero mi aprecio sería mayor teniendo otros puntos de vista.  Otros podrían mostrarme cosas que yo no he notado, o compartirme sus sentimientos al respecto.  Tal vez ellos sepan cosas acerca del lugar que enriquecerían mi experiencia.  Además, el solo hecho de tener que pensar en palabras para expresar mi admiración la hace más profunda, más valiosa.

20150805 ChristchurchLo mismo pasa con nosotros y Dios.  La alabanza y la adoración están hechas para llevarnos a disfrutar de Él, de Su presencia, de Su amor, de Su grandeza.  Entonces podemos adorarlo individualmente – y eso es bueno.  Pero es mucho mejor cuando lo compartimos con los demás.  Podemos alabar a Dios, no solamente cantando las mismas canciones al mismo tiempo (aunque eso también es valioso), sino también hablando bien de Él, compartiendo los unos con los otros nuestras experiencias, nuestra admiración, nuestro amor o nuestro agradecimiento a Dios.  Cuando hacemos esto nuestra adoración cobra una dimensión más profunda.  Algunas de las experiencias de adoración más preciosas que he tenido se han llevado a cabo alrededor de una mesa de comida, compartiendo con mis amigos las cosas que Dios ha hecho en nuestras vidas, haciéndolo “famoso” entre nosotros.  Sí, podemos cantar canciones a Dios.  Pero mira lo que dice Pablo en Colosenses 3:16: “Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza: instrúyanse y aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón.”  Puedo agradecerle a Dios por mi misma, pero es mejor aún compartir ese agradecimiento con los demás.  Puedo alabar al Señor personalmente, pero es mejor aún declarar mis alabanzas compartiéndolas con otros que pueden alabar junto conmigo.

Dios nos ha hecho como seres que se relacionan por varios motivos (que no vienen al caso).  Pero dado que somos seres que se relacionan, sabemos que disfrutamos las cosas más plenamente cuando las compartimos con alguien más.  Entonces te animo a buscar oportunidades de reunirte con otros para alabar a Dios, para declarar lo que Dios significa para ti, para contar las historias de lo que Dios ha hecho en tu vida, para cantar salmos, himnos y canciones espirituales con tus amigos.  Cultiva una vida de adoración que vaya más allá de la estructura de los servicios en la iglesia.

Dios te creó para adorarlo, y te creó para relacionarte con los demás.  No te conformes con nada menos que eso.


Dra. Chiqui Polo-Wood   | Todos los derechos reservados

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